Por: Equipo animador para América AMJV

Alégrate, María, tú que haces brillar la salvación
Alégrate, porque por ti fue quitada la maldición
Alégrate, porque levantas al caído Adán
Alégrate, porque también Eva ha dejado de llorar
Alégrate, montaña inaccesible a todo pensamiento
Alégrate, océano insondable que nadie puede penetrar
Alégrate, porque del rey eres trono y palacio
Alégrate, porque llevasteis al Creador en tus brazos.
Alégrate, estrella que anuncias al sol naciente
Alégrate, por ti la creatura fue recreada
Alégrate, en ti se hizo niño el Creador
Alégrate, Esposa y Madre siempre virgen.
Estimados Hnos/as,
un saludo lleno de alegría en el Señor Resucitado y en la ternura de nuestra Madre María Consolata (en su Novena). Qué bueno pensar que cada uno/a, haya vivido una experiencia profunda de los Misterios Pascuales, ya bien sea a nivel personal…, o con los grupos que acompañan en sus distintas actividades misioneras. Esto tiempo que siguió después de Pascua solo vino afianzando en nosotros la certeza de que la presencia de Jesús es contínua en todas las ocasiones de nuestra vida. De una forma u otra Él se va revelando para no perdernos la esperanza de que Su Promesa, de no dejarnos solos se cumpla con la llegada del Espíritu Santo. La Fiesta de Pentecostés es el momento de la plenitud de los Dones… y ¡cuánto nos hace falta! como animadores que somos… para que nuestras actividades y nuestro testimonio sean de LUZ para impulsar a muchos, a comprometerse con el Reino.
Esta segunda reflexión de la Pedagogía Allamaniana que vamos a reflexionar nos anima a que “el volver a las fuentes” es enriquecerse de métodos que en su tiempo funcionó y que hoy nos puede impulsar a generar “cosas nuevas” que produzcan “frutos nuevos” para el bien de la Iglesia misionera o de la “Iglesia en salida” en el lenguaje del Papa Francisco. Quisiera compartir con ustedes el gozo de poder decir “amén”, al plan de la Misión Ad Gentes, dado que fueron testigos del Envío…, los Misioneros Venezolanos que ya se encuentra en Moçambique…, vale el esfuerzo conjunto…, hay dificultades SÍ, pero si buscamos que nuestras actividades sean de enlace con todas las fuerzas misioneras de la Iglesia local, podemos celebrar la alegría de la donación de nuestro trabajo que a veces puede ser agotador, pero, si llevamos en comunión será más productivo. No cuesta intentar unir algunos esfuerzos “Institucional” (IMC – MC) con el Departamento de Misiones, o, con la labor de las OMPs en nuestras Diócesis. ¡Ánimo! Lo importante es SUMAR…, esta es la “pedagogía” para RESTAR desánimos en nuestra misión de animadores. Que la Consolata nos siga impulsando a ser lo que somos: Consoladores. Cariño Fraterno de su Hna. Ines mc.
Metodología Allamaniana: “Una praxis osada” El ejercicio de revisitar él pasado y recorrer los “carriles” (los métodos) que los primeros Misioneros y Misioneras de La Consolata han pisado, con el acompañamiento firme y sereno de nuestro Fundador, siempre provoca un deseo inmenso de retornar al futuro: ¡El Hoy ungido por la esperanza! El Allamano ha señalado una ruptura en la historia de la Metodología de la Evangelización. El material disponible es fascinante: Conferencias, Cartas, Testimonios, Diarios, Estudios Académicos, Libros.
Son también muchos los protagonistas, en el fondo, pero, se destaca la figura del inspirador: José Allamano. Como Padre, busca con sus Hijos e Hijas la metodología que responda a su visión de misión. Es de proceso y contextualizada, por lo tanto, dinámica y participativa. Al recibir agradecido las conclusiones del encuentro de Murang’a, marco histórico de la metodología
Allamaniana, escribe: “dejé de algún modo mis otras atribuciones para recordar apenas mi calidad de Padre en esta nueva Familia”. (06/01/1905). A las Hermanas escribe: “y ustedes no se olviden de vuestro viejo Padre en El Señor”. (24/12/1913) Inicia con una mirada contemplativa y misericordiosa, de la persona y de la realidad. La promoción humana y la valoración del ambiente, por lo tanto, son parte integrante de la Evangelización. Tuvo razón así, para que al final de un proceso lento y sufrido, con la sensación de alivio y gratitud, bautice el año de 1909, cuando su estilo de Evangelización fue aprobado, como “año de oro”. (Carta a los IMC, 02/10/1909). Mira el Evangelizador/a como alguien “vacacionado/a”, alguien que se siente bendecido y llamado a decir su “Si” cada día, avanzando siempre en el mismo camino: Humanización y Santidad. En la carta a los IMC, 02/10/1909, afirma: “La Vocación Misionera es Sublime (...) tengan siempre de mira la Santidad”. Y a las primeras Hermanas rumbo a Kenia escribió: “Nunca se olviden del fin por el cual se han hecho Misioneras de la Consolata: háganse santas y con ustedes, muchas otras personas. (01/11/1919) El encuentro de Murang’a, 29/02/-04/03/1904, realizado en un clima de “retiro espiritual” y “conferencias pastorales”, apreciado por todos los participantes y loado por el Fundador. “una iniciativa buena y necesaria, para ser realizada todos los años, posiblemente, hasta con mayor frecuencia “(Carta a Perlo, 06/05/1904) fue el primer encuentro formal acerca de la Metodología Allamaniana Al leer “los primeros.
Tema de formación y reflexión. Misioneros de la Consolata en Kenia, 1902-1905” (Pe. A. Trevisol), se percibe que el método da privilegio a la Comunidad Evangelizadora. Trata la organización interna, enfatiza el papel de líder (superior) y de los encuentros de discernimientos, evaluación y programación diarias, así como hacía el Allamano y el Camisassa; explicita las prioridades a ser abrazadas por todos (catequesis, formación de los líderes, anuncio evangélico itinerante, creación de escuelas, de ambulatorios y formación del ambiente. Demuestra sensibilidad para lo que llamamos hoy de Interculturación y corresponsabilidad, (estudio de la lengua local, participación activa de los Kikuyu y buenas relaciones con todos). Favorece tanto para el Fundador como para sus Hijos/as, la actitud de paradoxia: ser Maestro y Discípulo al mismo tiempo. De allí, la necesidad de una escucha atenta de los Indígenas de la investigación en “locus” y de la relación filial con El Fundador. (Diario y cartas). Lo más importante es referir en los diarios los hábitos, las ideas de los Indígenas, (...) y vuestras relaciones con ellos. Verifiquen como estos acogen vuestras palabras, las impresiones que causan, sus conversaciones, proverbios, dichos, mitos, las interrogaciones y objeciones que hacen acerca de las verdades de la Fe. (Carta a los IMC, 06/01/05). La misma carta recuerda los valores más queridos: mansedumbre en el trato con los Indígenas, caridad recíproca, perseverancia delante de la esterilidad del trabajo apostólico y del tiempo necesario para la Evangelización de las culturas.
Los principios inspiradores, corazón de la metodología, están explícitos en la carta a los IMC de 02/10/1910: Trabajo perseverante, concorde e iluminado. Son frutos de la acción visible del Espíritu Santo y de la ternura de La Consolata. Estos y otros son siempre recordados en sus cartas y conversaciones! La contextualización, el acompañamiento y la evaluación continua del método quedan claros en la carta a P. Barlassina: “Una palabra apenas te hemos dicho (...) sintetiza todo a vuestro plan de acción allí; hacer apostolado a estilo de Massaia. Es todo un sistema diverso de aquel seguido en Kenia (...)” (03/11/1915). La eficacia de una metodología depende de la conciencia de la pedagogía (Carisma) que le da base para el asumir personalmente y comunitariamente el proyecto de las estrategias escogidas. Nos impresiona ver todo esto ya en 1904!
Al presentar el Allamano, como Beato: Juan Pablo II afirma: “desde el inicio, vuestros Misioneros tienen unido a La Evangelización, un esfuerzo concreto de Promoción Humana…, privilegiando el cuidado para con los más pobres y marginados. Es un estilo apostólico que podemos llamar de “Integral”, porque en él están contempladas las exigencias del ser humano. Son estas las dimensiones de una acción apostólica eficaz que tiene en vista responder a las múltiples exigencias del ser humano. Continúen caminando con confianza por estos carriles que distingue a vuestra Familia Religiosa, siempre coherente con el modo típico de ser misioneros”. Los estudiosos del método de Paulo Freire, utilizan una metáfora interesante cuándo se refieren a este: “El método fue la bota de Freire y sus colaboradores calzaron y se pusieron a caminar”. Cuidado; mucha gente de tanto mirar las huellas en el camino, pensaron que fuera toda la practica y historia que se ha hecho. Ojalá, todos nosotros que hemos heredado el mismo “ADN” del Allamano, avancemos en los “rieles” del hoy, de los miles desafíos y de los millares de posibilidades. La Bendición del Padre nunca nos faltará. Ir. Melania Lessa Pensando en Ustedes escribí: La Iglesia nació En Pentecostés Jesús dice: “Ahora les digo la verdad: es mejor para ustedes que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Consolador; pero cuando me habré ido, se los mandaré” (Jn 16,7).
El Espíritu Santo no desciende solo con sus dones y sus frutos, sino él mismo en Persona. El Señor no dijo: “Reciban los dones del Espíritu Santo”, sino: “Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,22). Es el Espíritu Santo quien aplica los méritos de la Redención realizada por Jesús, quien convierte y santifica a las personas. Él nos ilumina y da calor, nos concede la gracia para salvarnos y santificarnos, nos ofrece sus dones. En todos los tiempos es el Espíritu Santo el que forma a los santos. Los apóstoles, habiéndose retirado en el Cenáculo, eran perseverantes y permanecían unidos en la oración, junto con María (Hech 1,14). Ella ayudó a los apóstoles a recibir la abundancia del Espíritu Santo y, del mismo modo, también nos ayudará a nosotros. El Espíritu Santo no viene en medio del ruido y la disipación, sino en el recogimiento. Hagan todo con el fin de obtener la plenitud del Espíritu Santo. En el Cenáculo estaban todos unidos, todos de acuerdo. Esto es importante. Porque donde no hay amor, el Espíritu Santo no entra. La Iglesia nació en Pentecostés con la efusión del Espíritu Santo. Es él quien dirige la Iglesia hasta el final de los tiempos. El Papa y los obispos siguen guiándola bajo la inspiración del Espíritu Santo. Pentecostés ha sido llamado “la segunda pascua”. San Juan Crisóstomo la define el cumplimiento de todas las otras solemnidades. San Máximo escribe que no es solo una conmemoración, sino la renovación de la venida, siempre de un modo nuevo, del Espíritu Santo.
Como entonces, también hoy el Espíritu Santo desciende, aún invisiblemente, sobre la iglesia y sobre los fieles que están preparados. La misma difusión de la fe es el efecto de la acción del Espíritu Santo. Por lo tanto, a él hay que atribuirle todo el bien que se realiza en las misiones. Al Espíritu Santo se atribuyen las obras del amor y la gracia. El es todo amor y, por el amor que nos trae, desea ardientemente entrar en contacto con nosotros. Ahora bien, el amor exige amor. Nuestros deberes hacia el Espíritu Santo son: conocerlo, amarlo y seguirlo. Pidámosle que encienda nuestro corazón para que seamos creaturas nuevas. Del Espíritu Santo se recibe todas las gracias, pero sobre todo el amor. No traicionamos al Padre si amamos al Hijo, así como no traicionamos al Hijo si amamos al Espíritu Santo. Este amor es el que impulsó a los apóstoles a evangelizar con ardor. También nosotros lo necesitamos, y es del Espíritu que debemos obtenerlo. Es difícil que quien vive bajo su influencia no se vuelva santo. Escuchemos con atención su voz en nuestro corazón, que es la voz de la gracia, y tratemos de traducirla en gestos concretos.
Sigamos al Espíritu Santo con generosidad y constancia. Si lo recibiéramos como se debe, todos seríamos verdaderos y santos apósteles. Pongámonos en sus manos, dejémoslo obrar en nosotros, sigámoslo dócilmente que él lleve a cabo nuestra santificación. Cuando recibimos al Espíritu Santo con sus dones y sus frutos, somos transformados. San Pablo dice: “No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención” (Ef 4,30). Tres cosas impiden su venida a nosotros: el pecado, el espíritu mundano y una visión demasiado terrena de la vida. Ante todo el pecado, porque el Santo de los Santos no podrá venir ni habitar donde vive y reina el pecado. Es el pecado el que se apaga en nosotros la gracia de Dios y, por lo tanto, el Espíritu Santo, San Pablo nos recomienda: “no apaguen El Espíritu” (1 Tel 5, 19). También el espíritu mundano y la visión demasiado terrena de la vida impiden la vendida del Espíritu Santo, porque él es “Espíritu de verdad que el mudo no puede recibir porque no ve y no lo conoce” (Jn 14,17).
San Pablo explica que: “aquellos que viven según la carne, piensan en las cosas de la carne; los que en cambio viven según el Espíritu, a las cosas del Espíritu” (Rom 8,5). San Juan Crisóstomo explica que la luz del Espíritu Santo puede ser apagada por el viento o por la falta de aceite, es decir por el espíritu del mundo o la falta de buenas obras. Cuando todavía era seminarista, recuerdo que fui a acompañar al Santísimo Sacramento que era llevado a un sacerdote gravemente enfermo. Aquel santo sacerdote, mientras esperaba para recibir la Eucaristía, como preparación repetía la secuencia “Ven, Espíritu Santo”. A veces y también la digo antes de celebrar la santa misa y ustedes podrían hacer lo mismo. Cuando digamos las palabras: “Ven, Padre de los pobres”, nosotros que somos tan débiles y llenos de defectos, sintámonos aludidos, porque el Espíritu se presenta como protector de los últimos. Dicen que las abejas huyen del bullicio…, del mismo modo el Espíritu quiere tranquilidad, es decir, recogimiento. De la secuencia “Ven, Espíritu Santo”…, hagan tantas invocaciones para repetir durante el día. Digamos al Señor: “Envía tu Espíritu para que cree en mí un corazón nuevo”.